Mucho se habla sobre el gran reto que significa para Microsoft el reciente lanzamiento de su nuevo sistema operativo, Windows 7, que se supone obligado a subsanar el fracaso de Windows Vista en el sector.
Pero puede que el éxito de Windows 7 no sea tan difícil de alcanzar. Aunque está basado en Vista –el mismo que genera el desprecio de los usuarios-- se dan dos condiciones que facilitan este éxito: el hardware ya está listo para correr el sistema a plenitud y hay suficientes manejadores habilitados.
Linux, que en parte ha aprovechado el rechazo de Windows Vista para crecer, deberá ser capaz de mantener su cuota de mercado ante un sistema operativo que no carga sobre sí con percepciones negativas, al menos no en la escala de Windows Vista. Muchos usuarios de Windows XP, que habían estado esperando por Windows 7, lo instalarán más temprano que tarde, y esto ayudará a elevar el nivel de adopción.
La comunidad de Linux ha respondido al lanzamiento de Microsoft con escepticismo y con nuevas versiones de las distribuciones más populares del sistema, incluyendo OpenSUSE, Mandriva, Ubuntu, Fedora y Linux Mint.